Nicomedes Zuloaga

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Mi primer contacto con el mundo del arte fue la poesía, leí con pasión a Neruda, Machado y a los Poetas Malditos. El contacto con la naturaleza y sus manifestaciones me cautiva, creo que algunas de las formas y de los volúmenes que aún se manifiestan en mi trabajo plástico son arquetipos de la naturaleza, grabados en mi inconsciente y que son redescubiertos cada cierto tiempo.
Descubrí que el alma femenina o, el alma en definitiva, se manifiesta como armonía, el arte, para mi,  no puede estar desligado de la estética, sus volúmenes y proporciones se me hacen antojadizas, eso si, yo veo el alma de esa manera, mis mujeres no existen en el mundo material, algunas son figuras heroicas que me evocan a Esclarmonde que, durante la noche de la Pira de Montsegur, se convirtió en paloma y, se fue volando.
Siempre he querido representar la libertad del alma dentro de la cárcel que significa el mundo de la materia. La posibilidad de liberarse transmutando el cuerpo denso y sus pasiones en algo más sutil. Labor alquímica digamos, toda etapa de liberación pasa necesariamente por un camino de abstinencia o de enfrentamiento con lo pasional.
Al fin regresé de Europa con mi familia, y nos instalamos en una choza en la Isla de Margarita. Nos dedicamos a vivir el hedonismo propio de esa naturaleza. Fue allí, donde la escultura de lo femenino tomó un carácter más erótico, lo pasional y la lucha por sublimarlo fue una etapa prolífica y sirvió para que se manifestaran volúmenes y formas arquetípicas que aún trabajo y desarrollo.